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La profe que transformó a los niños chocoanos con tecnología

Lucy Arlethy Mosquera logró un milagro que parecía imposible: enseñar tecnología en un pueblo olvidado del Medio Baudó donde es precaria la conexión a internet. En esa labor, se ha esmerado también por llevarles a sus estudiantes la música tradicional de los alabaos y los gualíes. Historia de resistencia.

lucy profe choco viajeros

Por Lucy Lorena Libreros 
Periodista cultural.

Lo que separa a Quibdó de Pie de Pepé, un corregimiento del Medio Baudó chocoano que se levanta a orillas de un río ancho y de aguas grises, son cuatro horas de camino por una maltrecha carretera de 120 kilómetros que sufre cierres permanentes por culpa de esas lluvias que se derraman sin piedad sobre la selva en esta zona olvidada del país.

Quien lo cuenta, casi como un asunto menor y tan natural como la mismísima lluvia, es la profe Lucy Arlethy Mosquera, una negra amable de risa encendida y 46 años, que ha dedicado media vida a la docencia. Ahora mismo, vestida de pantalón y blusa de jean, está sentada en el Punto Vive Digital del Colegio Normal Superior de Quibdó, convocada por el Ministerio de Cultura para conocer la plataforma Viajeros del Pentagrama, una nueva herramienta digital que podrá compartir con sus pequeños de la Escuela Nuestra Señora de la Pobreza.

No la asustó la idea de tener que buscar quién la reemplazara en sus clases para asistir esta mañana de martes. "Si uno como docente no se actualiza en nuevas metodologías y herramientas va quedando rezagado. Lo fácil sería decir que, como vivo en una zona apartada, no tengo cómo capacitarme. Pero cómo sea busco el tiempo y los espacios académicos para ser cada día una mejor maestra".

Acercar la tecnología a Pie de Pepé —ese pueblo pobre de pescadores y agricultores que se rebuscan la vida sembrando plátano, banano, yuca y maíz, y desafiando la legalidad con la minería en yacimientos de oro y platino— ha sido casi un apostolado en la vida de Lucy Arlethy, que ‘heredó’ el oficio de su mamá, Ana de Jesús Ibargüen, y su hermano José Nemesio.

Para muchos en este pueblo olvidado de 13 mil habitantes, la profe Lucy no ha sido solo la encargada de enseñar matemáticas o español. El recuerdo que atesora la mayoría de quienes han pasado por su salón es que fue la primera en enseñarles un computador.

Que lo diga Wellington Chamorro, un pequeño de la comunidad embera que nunca en su vida había manipulado un computador. Los primeros días, recuerda con ternura la profe, el chico entraba en pánico cada vez que se sentaba frente al portátil: "Le daba miedo dañarlo. Pero le fui explicando que el equipo no se afectaría con un uso cuidadoso del teclado y las demás partes".

Una amorosa complicidad que transformó a Wellington en un aventajado estudiante que terminó escribiendo como experto y que descubrió que podía poner la tecnología al servicio de los embera para investigar sobre sus ancestros y contribuir a preservar sus tradiciones.

Que lo diga también Wilson Mosquera, quien pasó de chico timorato a un estudiante habilidoso que comparte con su papá datos valiosos para optimizar las cosechas de arroz, maíz, banano y plátano, el sustento de los Mosquera en la finca familiar.

Otros alumnos de Lucy hace rato dejaron de ser niños. Son los padres de sus propios alumnos, a quienes la profe convoca a su salón para que aprendan no solo a leer y escribir sino a resolver asuntos cotidianos de la vida moderna como escribir un email.

Varios de sus colegas se preguntan cómo logra el milagro de enseñar esas habilidades en un corregimiento donde el acceso a internet es casi ciencia ficción. Y ella responde que la génesis de todo fue la llegada a su colegio, hace cerca de un lustro, de una veintena de equipos a través de Computadores para Educar, programa social del Ministerio de las Tecnologías de la Información y las comunicaciones, MinTIC.

Ese sería el comienzo de muchas cosas en este pueblo: de recobrar las ganas de estudiar en sus alumnos de la escuela; de espantar el miedo que llegaba a la zona con cada nueva incursión guerrillera o paramilitar y que dejaba una estela de desplazamiento y despojo en decenas de familias; de experimentar a través de la tecnología un sentimiento de cercanía a esa otra Colombia que se extiende tras la selva y parece vivir a espaldas de Chocó.

Los malos tiempos comenzaron a soplar a comienzos de 2012. Miles de chocoanos se desplazaron desde zonas como Unión Berrecui, a pocas horas de Pie de Pepé, luego de que un grupo armado asesinara a un viejo líder de la comunidad. Todos los vecinos huyeron por miedo a ser los siguientes.

La escena quedaría grabada en la memoria de los habitantes de Pie de Pepé: hombres y mujeres caminando con prisa, varios de ellos con niños en brazos, mientras retumbaban las balas y muchos las veían rebotar en las aguas del río. Unión Berrecui se quedó completamente solo.

De un momento a otro, llegaron decenas y decenas de niños desplazados y los salones de clase de la escuela se ampliaron a la fuerza para poder recibirlos. Días difíciles: "Eran niños con poca concentración, indisciplinados, agresivos, y era desesperante y frustrante dar clases en esas condiciones".

La solución llegaría con la tecnología. "Con los computadores poco a poco logré que los chicos cambiaran, fueran más receptivos al estudio y mejoraran su rendimiento académico", cuenta Lucy orgullosa.

Su lucha contra la adversidad y ese convencimiento de que la tecnología puede transformar la vida de los niños de pueblos abandonados como Pie de Pepé ha llevado a la profe a ser invitada a compartir su experiencia en eventos como Educa Digital.

Era 2016 y ese día les dejó a sus colegas lecciones poderosas. Les habló de cómo la llegada de la tecnología a su pueblo fue casi como una revolución cultural. De cómo los niños que no han tenido computadores son menos inquietos cuando se enfrentan a uno. De cómo los utiliza no solo en la clase de Informática, sino en disciplinas como la agricultura, la piscicultura, la cría y engorde de pollos, y la porcicultura, que hacen parte del contexto social y cultural de la niñez de Medio Baudó.

De cómo, también, logró mejorar las notas de sus estudiantes y poner sonrisas en rostros donde antes había amargura y tristeza por culpa de la guerra.

Ahora, cuando se respiran días más tranquilos y "la gente puede viajar y vivir tranquilamente", trabaja con sus chicos otra herramienta poderosa: la música. Es que los mayores de la comunidad se están muriendo, cuenta Lucy con tristeza. Los que saben cómo se entonan los alabaos cuando se mueren los adultos y los gualíes cuando fallecen los niños. "Queremos acercarlos a la música tradicional para que no se pierda la tradición y para fomentar el arte que es otra herramienta de transformación social".

En esta tarea ha encontrado en Viajeros del Pentagrama una herramienta útil. "Como la conexión a internet en Pie de Pepé es tan precaria, he trabajado con la cartilla del primer año que me dieron en la socialización que se hizo en Quibdó. Incluso hice una socialización con otras ocho maestras de la escuela que trabajan con niños más pequeños para que aprovechen las actividades que nos proponen a los docentes. Viajeros del Pentagrama es una herramienta que me parece útil porque nos despierta la creatividad a los maestros", asegura la profe.

En 20 años de experiencia docente, asegura Lucy, se ha convencido de que la educación es el camino más poderoso para que los jóvenes del Chocó salgan adelante. "Sólo así, nuestra región será una tierra más próspera y equitativa", se le escucha decir a Lucy Arlethy, antes de emprender el regreso a Pie de Pepé.

Sus estudiantes saben bien que si la profe se fue hasta Quibdó a capacitarse es porque llegará cargada de nuevos conocimientos para ellos. Qué importa atravesar de nuevo esa carretera precaria. Enseñar es una aventura que siempre valdrá la pena.